El juguito de la bolsa
Credito de la imagen: xisburguerposadas Todos los días a las 13.30 salía de su concentración laboral que lo mantenía compenetrado en las planillas excel y los mails de outlook, cerraba cesión, se levantaba de su escritorio, iba al baño a orinar y a lavarse las manos. Era una rutina diaria. Era un método casi cabalístico en los días de semana. Se tomaba el ascensor con su compañero de escritorio. Estaban en el séptimo piso de un edificio del centro de la ciudad. Todo el barrio tenía una dinámica similar. Era la hora de almorzar en el centro comercial de la ciudad. No le gustaba ir a los restaurantes vecinos: no le gustaba los platos que ofrecían. Según él, medio en broma medio en serio, los platos de los locales de comida no eran suficientemente sucios. No tenían el sabor de una plancha de carrito de comida mal lavada, el rastro de alguna cucaracha aventurera que se animaba a pasear por el hierro tibio luego de que terminara la atención al cliente, algún pelo de ratón abandonado so...