Croquetas de corvina rubia
Son las doce menos cuarto de la noche. En un rato, a las seis y media de la mañana, sonará el despertador. Sigo corrigiendo uno de mis textos. Las correcciones no tienen fin. Son tantas como lecturas se hagan, así que decidí no leerlo más. Se lo voy a mandar a mis editores y críticos más implacables (la familia) y, después, los publicaré.
Mientras escribo sobre la lengua me acuerdo de algo muy lindo que me pasó hace un par de horas. Hice la base de unas croquetas de pescado y a mi familia le encantó!
Corvina rubia hervida en leche, con ajos, cebollas, hierbas, sal y pimienta. Papas hervidas con su piel en agua con hojas de laurel. Por un lado aparto la carne del pescado ya cocida. Por el otro pelo las papas y hago un puré descuidado, con sal, un poquito de oliva, zest de limones, pimienta y el puré de ajos que estaban en la leche.
Hay que juntar la carne con el puré, pero no así nomás. Es necesario tener cuidado porque bajo ningún concepto queremos la carne del pescado desmenuzada a punto de desaparecer. Queremos pedacitos, trocitos de pesca que nos hagan acuerdo de que se trata de una croqueta de pescado, carajo. Tropezones de pescado, pero también de papa. Por eso el puré debía ser descuidado, ¿se acuerdan? Bueno, juntamos ambas cosas, rectificamos la sal y los condimentos y lo dejamos en frío un rato.
Es hora de hacer bolitas. Sí. En mi casa nos saltemos el paso de porcionar cada bolita en gramos. Eso es para la cocina profesional. En casa es a ojo. Bolitas más o menos del mismo tamaño. Del tamaño de una pelota de pingpong. Llenamos una bandeja con pelotitas y preparamos el apanado a la inglesa.
Harina, huevo, pan rallado, huevo, pan rallado. Huevo batido y condimentado. Disponemos un recipiente con harina, al lado un recipiente con el huevo batido, luego una asadera con pan rallado y, por fin, un tupper vacío para almacenar el producto final. Esto, un recipiente al lado del otro, cada uno con su función, se llama en una cocina profesional, trabajo en serie. A la primera tanda de bolitas se las va a pasar por harina, huevo y pan rallado. Luego de pasar todas las croquetas por esta serie, hacemos una serie nueva, pero solo de huevo y pan rallado. En ese momento el apanado estará completo. Se puede freír.
Ayer no freímos porque no teníamos tiempo. La base de croquetas está en la heladera esperando que la transformemos en bolitas. Hay expectativas para la noche: hay croquetas de pescado!!! Ahora en un rato, cuando mi hijo se despierte, irá a la heladera a buscar el desayuno y pispeará a ver si el relleno existe y comenzará un periplo hacia la cena.
Papi, hoy de noche tenemos que hacer las croquetas! no te olvides!
¡No puedo olvidar comprar limones! De las croquetas sí: él se hará cargo de recordármelo!

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